
Es
aprender a hacer todo con una sola mano.
Es comer tanto puré de zapallo y zanahoria
como una nunca comió en su vida. O despertarse
sobresaltada el domingo de mañana, mirar el
reloj e intentar levantarse a toda velocidad para
llevar a los niños a la escuela, sin darse
cuenta de que es un día feriado.
Ser
madre es dormir con un solo ojo hasta escuchar el
sonido de la llave de la puerta que anuncia que el
hijo adolescente está de vuelta en casa.
Y adjudicarse la porción de torta más
desarmada y el huevo frito que peor salió.
Usar el buzo que la princesa de la casa desechó
por pasado de moda.
Y reciclar el tapado de hace años para poder
renovar las camperas de los pequeños.
Ser
madre es aprender otra vez la regla de tres y la acentuación
de las palabras graves.
Volver a armar rompecabezas y conocer de memoria a
todos los héroes de los dibujitos.
Es planchar, freír milanesas y resolver cuentas
de dividir, todo al mismo tiempo.
Ser madre es darse el gustazo de recibir el primer
beso con babas que aprendió a dar el bebé.
Correr junto a un hijo hasta quedar exhausta porque
está aprendiendo a andar en bicicleta sin rueditas.
Y reservar el placer de verlo dormir como un oso.
Ser madre es intentar tejer por primera vez para hacer
una batita amarillo patito.
Y conocer a los hijos tanto hasta adivinar lo que
piensan.
Lourdes
Castro
(Enviado por Rita Córdoba)

Antes
de ser mamá...
Yo
comía mi comida caliente.
Mi ropa lucía planchada y limpia todo el día.
Podía sostener largas y tranquilas conversaciones
telefónicas.
Antes
de ser mamá...
Me
dormía tarde, tan tarde como quería
y jamás me preocupaban las desveladas.
Cepillaba y cuidaba mi pelo, lucía uñas
largas y hermosas.
Mi casa estaba limpia y en orden, no tenía
que brincar juguetes olvidados por todos lados.
Antes
de ser mamá...
No
me apuraba si alguna de mis plantas era venenosa,
ni pensaba en lo peligroso de las escaleras o las
esquinas de mis muebles.
No dejaba mi tiempo en consultas mensuales con el
doctor, ni consideraba siquiera la palabra VACUNA.
Antes
de ser mamá...
No
tenía que limpiar comida del piso, ni lavar
las huellas de pequeños deditos marcadas en
los vidrios.
Tenía control absoluto de mi mente, mis pensamientos,
mi cuerpo y mi aspecto físico.
Dormía toda la noche y los fines de semana
eran totalmente relajados.
Antes
de ser mamá...
No
me entristecían los gritos de los niños
en la consulta médica, no tuve jamás
que detener, con lágrimas en mis ojos, una
piernita que sería inyectada.
Antes
de ser mamá...
Yo nunca sentí un nudo en la garganta al mirar
a través de unos ojos llorosos y una carita
sucia.
No conocía la felicidad total con sólo
recibir una mirada.
No pasaba horas mirando la inocencia dormir en una
cuna.
Nunca sostuve a un bebé dormido sólo
porque no quería alejarlo de mí.
Antes
de ser mamá...
Nunca
sentí que mi corazón se rompía
en un millón de pedazos al no poder calmar
el dolor de un niño.
Nunca supe que algo tan pequeño, podía
afectar tanto mi mundo.
Nunca supe que podía amar a alguien de ese
modo, nunca supe que amaría como una MADRE.
Antes
de ser mamá...
Yo
no conocía el sentimiento que provoca tener
mi corazón fuera de mi cuerpo.
No sabía que tan especial me sentiría
al alimentar a un bebé hambriento.
No sabía de esa cercanía inmensa entre
una madre y su hijo.
No sabía que algo tan chico podría hacerme
sentir tan importante.
Antes
de ser mamá...
No
imaginaba tanta calidez, tanta dulzura, tanto amor.
No imaginaba lo grande y lo maravilloso que sería,
No imaginaba la satisfacción de ser madre,
no sabía que yo era capaz de sentir tanto...
Desconozco su autor
(Enviado por Rita Córdoba)