La amaba tanto que no la veía

El amor es ciego

 

Sansón y Dalila, tomados de la cintura, se fueron caminando a la tienda de ella. Él estaba contentísimo, por fin la tenía. Ella estaba atribuladísima por la adivinanza aquella, era su deber descifrar la respuesta y entregarla a los filisteos.
Sansón era felíz. Al lado de ella era felíz. Se olvidó de su dolor anterior, se olvidó de preguntar dónde había estado ella, se olvidó de los celos, se olvidó de los filisteos, del juego, de la adivinanaza, de todo. Sintió que cuando estaba con ella se olvidaba de todo. Nada existía salvo ella, Dalila.
El amor, la pasión, la sangre en hervor, eran protagonistas exclusivos. El resto se borraba.
Tan poseido estaba por su deseo de poseerla, de llenarla de besos y de caricias, y de fluidos místicos, que no la veía.

Ocurre que a veces de tanto amor que tenemos caemos en la ceguera y no vemos, no percibimos qué siente la otra persona, qué quiere, en qué está. Por eso dicen que el amor es ciego: ama tanto al otro que se enceguece y no lo ve.

Quería decir tan sólo que si Sansón no hubiera estado tan enamorado de Dalila, habría percibido que Dalila tenía el semblante cubierto de nubes. Pero no, no la veía.

 

(Tomado del libro "Para quererte mejor", de Jaime Barylko, Ed. Emecé, Buenos Aires, Argentina)

 

 

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